noviembre 27, 2006

El Zapote que murió un día

Todo pasa, todo queda. De Zapote pasa el gentío que llenaba el área ferial tomando cerveza, comiendo churros, vigorón o manzanas escarchadas. Pasan los toros y los toreros improvisados, de los que nos quedará ese recuerdo morboso de levantinas y moretones.
Nos queda la amarga experiencia que se repetía año con año: un concejo que no sabía nunca nada y que terminaba improvisando como los toreros dentro del redondel.
Hoy hay muchos que lamentan la muerte de lo que han llamado una tradición costarricense pero que realmente se había convertido en un nido de crimen, droga, alcohol, inseguridad. ¿Quién querría llevar a sus hijos a tal desorden? Los voluntarios sobraban cada año, disque por ser más barato y no sé que cuentos, a costa de la propia seguridad.
Señores y señoras: murió lo que tenia que morir. Otro opio del pueblo nacerá y sólo nos queda ver cuál será su reemplazo.
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