diciembre 21, 2006

¿Un año más o un año menos?

Hoy se termina para mí el año laboral. Ha sido un año muy duro, con mucho trabajo pero también con muchos éxitos y alegrías, que han compensando en abundancia las lágrimas que por algún motivo han salido de mis ojos.
Un 2006 que he vivido en la plena soledad romántica, durante el cual me he dedicado al equilibrio personal y a la búsqueda del camino de mi propia paz espiritual. Lo necesitaba. Fue como una especie de año sabático en las relaciones, porque decidí que aún no estaba lista para emprender el vuelo en ese sentido. A veces uno cree que está lista para dejar el árbol, pero si te miras profundamente, te das cuenta de que aún no has alcanzado la madurez.
Además, en este año llegué a la edad donde oficialmente dejé de ser una niña y me conviertí en esa mujer que tanto busqué ser. Por fin entendí que todo el tiempo que pasé buscándola, ella estaba dentro de mí.
En este año consolidé algunas posiciones, hice algunos jaque mates, rematé a algunos toros y caminé por esos valles oscuros tan tétricos pero tan necesarios y puedo decir, sin temor a equivocarme, que todas las metas que me propuse las alcancé o las reemplacé por metas mejores.
Ahora viene el 2007. Tengo cierta predilección por los años impares pues en mi historia siempre han traído el amor (a veces también se lo llevan). Empero, lo que más me entusiasma del año que pronto se iniciará son las nuevas metas, las nuevas ilusiones que nacen de pensar que tenemos un año para estrenar.
¿Un año más o un año menos? Prefiero pensar que es un año más. Sí, me haré más vieja, pero qué importa si también podré ser más sabia.
Ahora voy a mi tradición de fin de año: desear. Quiero desearte a tí, mi estimado lector, un 2007 lleno de trabajo, energía y éxitos, pero sobre todo quiero desear muchos atardeceres hermosos, muchos arcoiris a la salida de la oficina, muchas tardes de lluvia con un buen libro en los brazos, muchos besos en las mañanas, tardes y noches, que aprendas el bello arte de la cocina, la música y el amor. Que puedas comerte esas 12 uvas de fin de año, no por superstición, sino por puro gusto y que el vino nunca falte en tu alacena.
Sí, prosperidad es lo que te deseo, pero como dice hoy en su columna el escritor Jacques Sagot, deseo que te embriagues de la vida, no sólo en este fin de año, sino en todos los 365 días que vienen.

Salud!!!
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