julio 18, 2006

Lluvioso julio

Ya te vas por las calles con tu mojada capa de brillante agua fría de lluvia, esa que nos da en las ventanas de la oficina y congela el cuerpo si toca la piel.
Julio se nos ha venido encima con todo su concierto y cada vez que miro esa ventana, oscurecida por el clima y empapada de gotas de libertad, me siento como el ave enjaulada, incapaz de irme y llenarme de la esencia helada de la musa de mis sueños. Me entran esas ganas terribles de salir en busca de mi cruzada personal, de mi propio dragón para hacerle frente en los campos elíseos o en las calles de un Londres tan o más mojado que esta ciudad perdida.
En fin, se vale soñar.
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