abril 27, 2006

Mi estado crítico

Es mi desesperación completa. La fauna y la flora de mi vida completa. Es como si me hubiese desaparecido por un segundo y al volver no quedara de mí más que el rostro de una existencia anterior.
No ha quedado de mí más que el resquicio de un sabio, el suspiro de un amante, la ansiedad de un encuentro muy esperado en los silencios de las noches.
De mi sombra sólo he visto el halo de un saborcillo a manzana verde que sale de boca por las tardes, luego de que el té hace de las suyas conmigo.
He muerto y he vuleto a vivir gracias a esos elíxires de inquietud que me tomo cada vez que el tiempo se detiene en mi interior. Luego de mí no queda nada más que un rastro de cabello perfumado, jugando a la ruleta con algún amante furtivo en una buena tarde de revolcar las sábanas.
He legado al mundo un cúmulo de angustias ahogadas en esa tradición inglesa de las tres. He barrido con suspiros mi esperanza de parecerme al reflejo del espejo lejano.
Entonces un golpe de realidad me noquea en una trade absurda y lluviosa. Recuerdo que en mitad de un aguacero pueden suceder muchas cosas, desde el brinco de una mosca, un delirio imperceptible, un suspiro que se escapa y no lo oímos, un amor que se nos declara en tal anonimato que nunca nos damos cuenta de su existencia.
Sueno a canción desesperada, lo sé. Pero en mitad de mis lamentos estoy segura de que existe la respuesta a mis dudas. Dudas eternas, dudas críticas, dudas absurdas...
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