junio 20, 2008

Negación


Hoy me niego a creer en tí, fugitivo y perdido, encontrado y preso de mi corazón. Hoy me niego a pensar que no he sido capaz de retenerte, que como una fantasía te has sumergido en mis sueños pero no has podido salir.


En esta noche tan clara, con esta luna asesina, estoy segura de que yo misma me he perdido en los lejanos rencores de esta odiosa negación. He huído de tí, como si fueses el abismo y lo único que he logrado es ver el destello lejano de tus ojos.


Te he temido todo este tiempo, sí. Las veces que has venido ha sido ensombrecido, disfrazado de ángel pero con las manos de demonio y yo he perdido el aliento de mi vida sosteniendo un beso contigo, como si fuera un pulso eterno para ver quién tiene razón.


Antes del amanecer no te he negado una vez, ni dos, ni tres; te he negado tanto que no soy capaz de distinguir cuándo eres real y cuándo sólo un espejismo en mi viaje por este desierto. Es como si estuviéramos en una guerra eterna donde la que pierde las batallas soy yo. Por supuesto, no tienes nada qué perder y en cambio, siempre te llevas mi corazón.
No puedo creerte ya, ni siquiera la hora, ni siquiera el tangible aroma que me abofetea cuando estoy desprevenida. Ya no soy la estatua del poema de Neruda, pero he volado tanto, que ya no distingo entre la tierra y el mar.
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