junio 05, 2011

Mi país tiene sus propias telenovelas


Ignoro si el cuento de la joven Tania Zeledón nos estallará en la cara en los próximos días y si, después de todo lo que nos hemos burlado o preocupado, nos daremos cuenta de que Tania sólo era el personaje de alguna novelilla barata, ideada por guionistas mexicanos, para continuarle dando opio al pueblo (cualquier pueblo que hable español).

Y es que en este país tan hermoso y falto de cultura, uno creería que una mujer que se ha equivocado no tendría por qué someterse al escrutinio público para tratar de "arreglar la torta".

Sin embargo, una mujer joven decide pagar más de 300 mil colones para hacer pública su desdicha: ella se equivoca, comete adulterio y pide perdón al susodicho al que ofendió, así como a su familia y a la de él. Como diríamos en Twitter ¡¡¡¡WTF!!!!

¿Qué diablos pasó? De pronto me sentí de regreso a aquellos años donde se le ponía una letra escarlata a las adúlteras mientras los carajos andában por ahí muy frescos, sin ningún dedo apuntándoles.

Bueno sí, la infedelidad es algo horrible, destruye familias, autoestimas y proyectos, pero no creo que someterse al escarnio público sea la forma de reparar una cosa de esas. Y de paso me pongo a pensar otra vez ¿qué le estamos enseñando a nuestras hijas?

Aunque la verdad no debería escandalizarme mucho, cuando recientemente se dio a conocer un vídeo donde las mamas de dos colegialas, en lugar de fomentar el diálogo y la resolución alterna de un conflicto entre las adolescentes, decidieron agarrarlas a golpes (o darse de golpes entre ellas, la verdad no lo entendí muy bien).

¿Alguien me puede decir en qué mundo estamos viviendo? ¡¡Pues claro!! Si un gran porcentaje de mis compatriotas consume periódicos y programas de "espectáculo" que fomentan ese tipo de situaciones tan telenovelescas, tan absurdas e improbables en la vida real, donde es más importante cuál modelito le quitó el novio a la otra modelito, o en qué casa vive un jugador de fútbol, que la decisión de la Sala Constitución a favor de eliminar la multa aplicada a la falta de cinturón de seguridad.

Si la historia de Tania es cierta, ¡qué Jebús nos ampare! y si no lo es, bueno, nos dio mucho en qué pensar.
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