junio 20, 2006

La durísima realidad

Caído el telón, sin luces en el escenario y un montón de titulares sobre nuestra mediocre participación en el Mundial, pasamos a la historia como uno de los equipos más goleados en la primera fase.
Además de la vergüenza creo conveniente poner las barbas en remojo, no del fútbol, que al fin y al cabo no es tan importante como lo verdaderamente importante, sino de nuestra actitud como costarricenses ante la vida.
Los seleccionados nacionales representan la fábula de nuestra propia vida, de nuestra propia actitud mediocre ante los retos del mundo actual. Las expresiones de muchos coterráneos sólo confirman mi teoría de que somos unos mediocres y nos gusta serlo, pues el mediocre no se exige más allá de un mediocre límite personal, que no se atreve a superar. No solemos dar más de lo que se espera pues para qué?, es lo que escuchamos en la calle. "Eso no me toca a mí", "nadie me va a pagar", "nadie lo va a apreciar".
La vida misma, como un partido de fútbol que requiere de los mejores jugadores individuales que armen un buen equipo, no puede ser un cúmulo de medios éxitos y medios fracasos, porque al fin y al cabo la emoción de jugar un partido -de vivir- no se puede vivir al máximo sin saber que se ha dado lo mejor.
¿Por qué conformarnos con ser afición, cuando podemos ser los jugadores, y buenos jugadores? Parece que a los ticos nos gusta ver los toros de largo, porque eso requiere menos energía y compromiso. En cambio, asumir el protagonismo de nuestra vida es una tarea tan cansada, que no sólo sufre nuestro cuerpo sino nuestra mente. Los ticos no queremos cansarnos ni sacrificarnos.
Lamento esta horrible generalización, pero es que este comportamiento masivo nos ha llevado al momento histórico donde estamos, y a escuchar comentarios tan absurdos como "otros países están peor", "no hay que sel malagradecidos", "podríamos estar peor", en lugar de escuchar frases como "hay que hacerlo mejor", "podríamos estar mejor", "hay países mejores que nosotros", acompañadas de su respectiva acción.
Me gustaría vivir en un país que no se viera a través del cristal del conformismo, que tomara las riendas de su destino y decidiera ser protagonista, pero parece que va a pasar mucho tiempo o quizá no llegue a ser testigo del triungo de la autocomplacencia de los eficientes y no de los mediocres.
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