Quienes me conocen de muchísimos años saben que soy una persona bastante lógica, realista y directa, que ha leído mucho, lo que me ha puesto en contacto con la realidad de muchas situaciones y me ha hecho una persona más inquisitiva.
Pero todos tenemos siempre esos peros... y un día, un amigo que me veía leer montones me preguntó: "¿Has leído alguna vez El Señor de los Anillos?". Le contesté que no. Para aquellos años no era un libro muy conocido en el país y costaba un mundo encontrarlo. De hecho sólo logré encontrar La Comunidad del Anillo y carísimo en la Universal.
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Mi tatuaje de El Señor de los Anillos, la inscripción del anillo único |
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No tengo que decir cuánta fascinación generó en mi mente el mundo fantástico de los hobbits, los elfos y los magos, todos en pos de destruir un artefacto en apariencia inofensivo. Tolkien se volvió, desde ese momento, una parte imprescindible de mi vida, tanto que en mi espalda llevo tatuada una evidencia de esa fascinación.
Una tarde de mayo, cuando ensayaba con un grupo al cual pertenecía hace más de diez años, el guitarrista me preguntó si sabía que venía una película basada en los libros. Me decepcioné montones, porque como buena lectora sabía que los libros nunca son tan buenos como las películas.
Pronto los estantes de las librerías estaban llenos de ediciones nuevas de la saga y a un precio muy accesible. Confieso que estaba de primera en la fila del cine para ver la primer película y que la ví 8 veces más en el cine. Hoy poseo las ediciones extendidas, la edición en blu ray y ya tengo entradas para la segunda entrega de El Hobbit.
Recientemente alguien me preguntó: ¿cómo es que vos, una persona tan racional, está tan obsesionada con la fantasía de esos libros?. Al principio me pareció una pregunta injusta, pero luego me analicé a mí misma y entendí que yo me hubiera hecho la misma pregunta.
¿Cómo es que yo, siendo como soy, tan racional y tan dada a cuestionarlo todo, no soy capaz de desacreditar la hermosura de los escenarios y lenguajes inventados por el maestro Tolkien?
Si han visto las películas y no les hace gracia, lean los libros. La fluidez con que Tolkien describe a cada personaje, cada paraje, cada situación, es suficiente para olvidarse de Macondo y hundirse en la Tierra Mieda. No que compare lo incomparable, porque el Gabo es el Gabo, pero con ambos escritores me pasa lo mismo: empiezo a leer sus libros y no quiero soltarlos. Difícilmente otro escritor me ha provocado lo mismo en muchísimo tiempo. Esa fue la respuesta para mi amigo. Tal vez es el escape que mi mente, siempre tan centrada, necesita para sobrevivir.